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  Servicio de Prevención del Fraude (SEPFRA)    


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Guía rápida de prevención
del fraude


Para empezar, es necesario hacer una distinción entre dos prácticas distintas:

  • El robo o suplantación de identidad define aquellas conductas en las que un individuo o grupo organizado obtiene de forma ilícita los datos personales de un tercero, generalmente para obtener un beneficio económico o llevar a cabo actividades delictivas.

  • El fraude de identidad es la comisión de un delito utilizando esa información robada y pretendiendo ser la otra persona. El defraudador puede:


    • Utilizar todos los datos de la persona suplantada, creando lo que podríamos llamar ?un duplicado perfecto?.

    • Utilizar únicamente algunos de los datos y alterar otros en función de su conveniencia, por ejemplo cambiando el número de teléfono o la dirección para evitar que la persona real pueda ser contactada y dé al traste con los planes.

    • La situación menos frecuente es la construcción de una personalidad totalmente falseada.

  • Se dan también casos en los que se cuenta con la colaboración de alguien que ?presta? su identidad: habitualmente personas en situaciones desesperadas o de extrema necesidad, que pueden participar a cambio de una compensación económica.
Este tipo de fraude puede provocar no sólo daños económicos o serios problemas legales para la víctima en el caso de que se hubieran cometido delitos graves en su nombre, implican también una enorme carga emocional. Es habitual que tarde mucho en darse cuenta de lo que está ocurriendo, y cuando la situación sale a la luz, ve su nombre desprestigiado, recibe requerimientos de pago de múltiples deudas que desconoce y que no ha contraído, probablemente descubra que a consecuencia de esas deudas ha sido incluida en un fichero de insolvencia (lo que le dificultará el acceso a instrumentos de crédito) y su perspectiva más inmediata es enfrentarse a un proceso en ocasiones largo y complicado para recuperar su propio nombre.

Quizá descubra que el robo de sus datos fue realizado por alguien a quién conocía, un vecino o amigo con acceso a sus cartas o a su domicilio. O peor aún, quizá nunca llegue a saber quién fue el autor.

En España no hemos llegado aún a los niveles de incidencia que este tipo de fraude tiene en otros países como Estados Unidos, pero la perspectiva es que continúe creciendo.

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